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Campañas CDA:

El 10 de Diciembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas Ratifica la Declaración Universal de los Derechos Humanos

La Declaración venera el principio de que los humanos ya no podían ser tratados por ley o por políticas públicas como meras herramientas del poder o sujetos del Estado, sino que ellos poseen valor inherente y qué se les debe permitir vivir sus vidas de acuerdo a las prioridades que ellos mismos identifiquen, mientras ellos no infrinjan los derechos de otros. La ratificación de la Declaración simbolizo el triunfo del humanitarismo en el periodo subsiguiente de la guerra más destructiva en la historia humana, en medio de lo que ya se ha transformado en el siglo más destructivo de la historia de la humanidad.

A pesar de lo parcial e inadecuado de nuestra implementación de los principios de los Derechos Humanos que ha sido desde 1948, la Declaración marcó el principio de una nueva era en la moralidad y retórica humana, en la cual, la compasión, la justicia y los derechos de los individuos finalmente asumieron prioridad sobre las imposiciones del poder.

Como el 10 de Diciembre se aproxima, reconocemos la visión de aquellos que idearon la Declaración de los Derechos Humanos y los esfuerzos de todos aquellos que han buscado transformar ese ideal en realidad. Reconocemos la responsabilidad que hay sobre todos nosotros para enfrentar y superar el abuso de los Derechos Humanos en todo el mundo, pero también creemos que el tributo mas grande que puede ser pagado al idealismo de 1948 es reconocer las limitaciones de nuestros propios ideales y buscar dar forma a la moralidad de nuestro propio futuro en la misma forma que los creadores de la Declaración de los Derechos Humanos lo hicieron en su época.

Creemos que el futuro pertenece no a la defensa ni a la consolidación de los ideales de 1948, sino a su extensión. Específicamente, creemos que ha llegado el tiempo de reconocer el imperativo moral para incluir a los animales no humanos dentro de la esfera de protección que la Declaración establece. La raza humana ya ha reconocido que los animales no son simplemente los instrumentos de nuestros deseos o voluntad, y que la realidad de su capacidad para experimentar placer y dolor, felicidad y sufrimiento, nos obliga a reconocer que limites morales deben aplicarse a nuestro trato de los no humanos al igual que de los humanos.

La atribución de derechos morales y legales hacia los animales, y su reconocimiento en una Declaración por los Derechos Animales de las Naciones Unidas es la progresión lógica e inevitable de este principio. Damos a conocer, por lo tanto, la Declaración Universal de los Derechos Animales:

  • Debido al hecho de que existe amplia evidencia de que muchas especies animales son capaces de sentir, condenamos totalmente la inflicción de sufrimiento sobre nuestros compañeros animales y la restricción de su comportamiento y otras necesidades salvo donde esto sea necesario por su propio beneficio individual.
  • No aceptamos que una diferencia solo en la especie (no mas que una diferencia en la raza) pueda justificar explotación u opresión inmoral en el nombre de la ciencia o el deporte, o para el uso como comida, por beneficio comercial o por otras necesidades humanas.
  • Creemos en el parentesco evolutivo y moral de todos los animales y declaramos nuestra convicción de que todas las criaturas sintientes tienen derecho a vivir, a la libertad y al placer natural.
  • Nosotros por lo tanto reclamamos la protección de estos derechos.

La explotación de los animales por los seres humanos en este siglo esta tan profundamente enraizada en la cultura humana como la explotación de nuestros compañeros humanos lo estaba en el siglo pasado. El progreso en derechos humanos que caracterizo el siglo XX y XXI habría parecido no menos radical para nuestros ancestros que como la abolición de la explotación animal parece ahora. Toda esa explotación depreda cualquier pregunta sobre derechos animales o incluso sobre derechos humanos, y es nuestra responsabilidad buscar la guía moral, no en la tradición o en la familiaridad, sino en los principios progresistas de justicia y compasión que han formado los ideales de nuestra época. La afirmación de que los animales no pueden tener derechos por que aun no les hemos dado derechos, pertenece al pasado. Debemos buscar la verdad con mentes abiertas y la consciencia plena de que el futuro siempre ha pertenecido a aquellos con el coraje y la visión para cuestionar la sabiduría recibida de la época. Hoy, 53 años después del establecimiento formal de los derechos de los seres humanos, es el tiempo correcto para llevar este argumento más adelante.

Las diferencias entre el homo sapiens y otros animales son múltiples, pero la evolución nos enseña que estamos en un nivel fundamental unidos por similitudes profundas. Casi indistinguibles genéticamente de nuestros más cercanos parientes primates, los seres humanos no son el pináculo de la evolución, sino una diminuta rama en su gran árbol.

La lección de la evolución es que deberíamos esperar similitudes entre los humanos y los no humanos en casi todos los aspectos.

La ciencia, tanto como la experiencia, nos enseña que ya no es posible asumir que los animales son simples maquinas o manojos de instinto y reflejo; ellos pueden florecer en la libertad o marchitarse bajo la opresión al igual que nosotros. Ya no podemos buscar refugio en la ignorancia.

Los animales no pueden ser capaces de expresar sus intereses en nuestro lenguaje, o explícitamente reclamarnos sus derechos, pero la existencia de sus intereses esta más allá de todo cuestionamiento. Todos los animales buscan proteger sus propias vidas, preservar su libertad, buscan lo que les da placer y evitan lo que les da insatisfacción o dolor- en resumen, vivir sus vidas de acuerdo a sus propias prioridades. Más que esto, los animales poseen y expresan características distinguibles como individuos. En todos estos aspectos, ellos son parecidos a los seres humanos, a pesar de lo grande que los detalles de sus vidas puedan diferenciarse de los nuestros. Si los animales sufren dolor y buscan proteger sus propias vidas, la libertad y los placeres al igual que nosotros, ¿sobre que fundamento podemos continuar negándoles la protección que los derechos otorgan a nuestras vidas, libertad y placeres?.

Se dice que los animales han perdido el privilegio de los derechos por que no poseen nuestra inteligencia, nuestros vínculos emocionales o nuestro sentido de moralidad, o por que no pueden aceptar las responsabilidades obligatorias de los miembros de la sociedad. Mientras pocos negarían que casi todos los humanos poseen estas capacidades en una extensión mucho más grande que los animales, el por que esto debería negar a los animales la protección de la explotación o el daño nunca ha sido establecido. Muchos seres humanos tampoco poseen estas cualidades: los muy jóvenes o aquellos que sufren de afecciones mentales como resultado de enfermedad, discapacidad congénita o lesión. Con toda razón, reconocemos que estos seres humanos merecen no menos protección, sino que más protección: no la negación de sus derechos, sino el reforzamiento de ellos. Debemos una especial responsabilidad hacia aquellos que son incapaces de beneficiarse de las ventajas de la participación completa en la sociedad humana y que son incapaces de defender efectivamente sus propios intereses. Aplicar principios opuestos a los humanos y los no humanos en este aspecto es ser culpable de discriminación injustificable.

A los animales se les han negado sus derechos no por alguna distinción significativa o relevante entre humanos y no humanos, sino por la misma razón que a los seres humanos se les han negado y continúan siendo negados sus derechos: por qué otorgarles derechos amenaza la libertad de aquellos en el poder. Los derechos de los seres humanos han sido obtenidos a expensas de los privilegios de los ricos y los poderosos, y frente a su resistencia. La fuente de resistencia para esta emancipación de los animales, no es la razón o la justicia, sino una falsa noción de egoísmo humano.

En última instancia, los derechos de los animales amenazan la libertad de algunos seres humanos para usarlos por que ellos parecen adecuados, o para usarlos más allá de sus propias necesidades particulares. Los argumentos contra los derechos de los animales no resisten escrutinio lógico ni ético por que son la acción de retaguardia de una filosofía derrotada y especista.

La pretensión de que los temas humanos existen en aislamiento de aquellos temas que involucran a todas las otras criaturas vivientes sobre nuestro planeta, ya no es sostenible. La evolución nos enseña que no es la arrogancia, sino la humildad, y las más grandes locuras de nuestro siglo tecnológico sirven para reforzar la lección de que el mundo natural no es nuestra propiedad ni nuestro sirviente. La pretensión adicional de que la exclusión de los otros de los beneficios de la compasión y la justicia puede ser justificada por nuestro status como especie dominante es indefendible. El poder ya no es mas la medida del valor moral. Esa es la lección de nuestro siglo.

Al igual que los pensadores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos actuaron tanto sobre la base de las grandes tradiciones filosóficas establecidas del Renacimiento como en respuesta a los horripilantes eventos de la primera parte del siglo XX, así los creadores de la Declaración sobre los Derechos Animales fueron motivados tanto por la tradición Humanista filosófica como por la naturaleza sin precedente y la extensión de la explotación animal al final del siglo XX.

Las granjas factorías, la destrucción del medio ambiente natural y la introducción de nuevos procedimientos médicos como la clonación y los xenotransplantes representan el abuso de las vidas y los intereses de los animales de una forma inimaginable, incluso para hace medio siglo atrás. La coexistencia del reconocimiento del principio de los derechos individuales para los seres humanos y del abuso y la explotación institucionalizada de los individuos animales en una escala global, representa un desafío que ya no puede ser ignorado y el cual, creemos, determinará el progreso de la moralidad e, inevitablemente, de la civilización en el siguiente siglo.

La Declaración de los Derechos Animales es tanto una declaración de intención como lo es de principio. Establecemos el quincuagésimo aniversario de la Declaración original anunciando nuestra intención de lograr el objetivo de establecer los derechos animales en la política de las Naciones Unidas en el centenario de esa fecha, el 10 de Diciembre del 2048. el desafió que enfrenta la sociedad humana es redefinir nuestro entendimiento del progreso tal como nuestro reconocimiento y protección de los derechos animales es tanto un barómetro de nuestro nivel de civilización como nuestro de reconocimiento y protección de los derechos de los seres humanos. La evolución de la civilización humana, sus principios como también su práctica, no terminará con el siglo XX: los ciudadanos del próximo siglo, quines son los niños y los jóvenes de hoy, no fracasarán en asimilar la oportunidad de marcar el progreso moral de su época como nosotros hemos definido el nuestro. El fruto es de ellos, pero comienza con nosotros, hoy.

 

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